Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

4

La alabanza sea para Aquel que ha creado el mundo del ser y ha formado todo cuanto existe, Aquel que ha elevado a los sinceros a una posición de honor y ha hecho que el mundo invisible surja en el plano de lo visible; no obstante, los hombres, en su ebrio estupor, siguen vagando extraviados.

Él ha echado los cimientos de la Ciudadela excelsa, Él ha inaugurado el Ciclo de la Gloria, Él ha hecho aparecer una nueva creación en este día que es, claramente, el Día del Juicio; y, sin embargo, los desatentos persisten en su ebrio sueño.

Ha sonado el Clarín, se ha tocado la Trompeta, el Pregonero ha elevado su llamada y se han desvanecido cuantos están en la tierra; y, con todo, los muertos siguen durmiendo en las tumbas de sus cuerpos.

Y ha sonado el clarín por segunda vez, el segundo toque ha venido a continuación del primero, ha llegado la espantosa calamidad y toda madre ha olvidado a la criatura que amamanta; mas, aun así, la gente, confusa y perturbada, no repara en ello.

Ha aparecido la Resurrección, ha sonado la Hora, se ha rectificado el Sendero, se ha colocado la Balanza y han sido reunidos todos los que están en la tierra; mas, con todo, la gente no ve ningún indicio del camino.

Ha brillado la luz, el fulgor inunda el monte Sinaí, y una suave brisa sopla desde los jardines del Señor que siempre perdona; pasan las gratas fragancias del espíritu y aquellos que yacían sepultos en sus tumbas se están levantando; mas, no obstante, los negligentes siguen durmiendo en sus sepulcros.

Se han encendido las llamas del infierno y se ha acercado el cielo; los jardines celestiales están en flor, rebosan los frescos estanques y el paraíso resplandece en su belleza; mas los inconscientes continúan atrapados en sus vanos sueños.

Ha caído el velo, se ha levantado el telón, se han apartado las nubes, el Señor de los Señores es plenamente visible; mas todo ha pasado inadvertido a los pecadores.

Es Él Quien os ha preparado una nueva creación, ha hecho aparecer la calamidad que sobrepasa a todas las demás y ha reunido a los santos en el dominio de lo alto. En verdad, en esto hay signos para quienes tienen ojos que ven.

Y entre Sus signos está la aparición de augurios y de jubilosas profecías, de alusiones e indicios, la difusión de muchas y diferentes nuevas, y las previsiones de los justos, quienes ahora han alcanzado su meta.

Y entre Sus signos están Sus esplendores, que surgen en el horizonte de la unicidad, Sus luces que se difunden desde las auroras del poder y el anuncio de la Más Grande Buena Nueva por su Heraldo, el Único, el Incomparable. Ciertamente, en ello hay una brillante prueba para la compañía de los que saben.

Entre Sus signos está el que se hiciera manifiesto, fuera visto por todos, constituyera su propia prueba y el que Su presencia se hallara ante testigos de todas las regiones, entre los pueblos que se abalanzaban sobre Él como lobos y Le rodeaban desde todos lados.

Entre sus signos está el que resistiera a naciones poderosas y estados irresistibles, y a una hueste de enemigos sedientos de la sangre Suya, empeñados en Su ruina en todo tiempo y lugar. Ciertamente, éste es un tema que merece el cuidadoso examen de aquellos que meditan los signos y las señales de Dios.

Otro de Sus signos es la maravilla de Su discurso, la elocuencia de Su expresión, la rapidez con que eran reveladas Sus Escrituras, Sus palabras de sabiduría, Sus versículos, Sus epístolas, Sus coloquios íntimos con Dios, Su interpretación tanto de los versículos abstrusos como de los versículos explícitos del Corán. ¡Por tu propia vida! Esto, para cualquiera que lo observe con ojos de justicia, es tan claro como el día.

Por otra parte, entre Sus signos está la salida del sol de Su conocimiento, el surgimiento de la luna de Sus artes y técnicas, y la perfección demostrada por Él en todo Su proceder, como lo atestiguan los doctos y expertos de muchas naciones.

Y, por otra parte, entre Sus signos está el hecho de que Su belleza permaneció inviolada y Su templo humano fue protegido mientras revelaba Sus esplendores, a pesar de los ataques concentrados de todos Sus enemigos, quienes Le acometieron por millares con sus dardos, flechas, lanzas y espadas. En esto, ciertamente, hay un milagro y una advertencia para todo juez imparcial.

Y entre Sus signos está Su longanimidad, Sus tribulaciones y Sus aflicciones, Su agudo dolor a causa de las cadenas y grillos, y Su exclamación proferida en todo momento: “¡Venid a Mí, venid a Mí, oh justos! ¡Venid a Mí, venid a Mí, oh amantes del bien! ¡Venid a Mí, venid a Mí, oh puntos del amanecer de la luz!”. Ciertamente, las puertas del misterio están abiertas de par en par; mas, con todo, ¡los inicuos siguen distraídos con sus vanos reparos!

Y otro de Sus signos es la promulgación de Su Libro, Su decisivo Texto Sagrado, en el cual Él censuró a los reyes, y Su alarmante advertencia a aquel cuyo poderoso dominio se sentía en todo el mundo y cuyo gran trono fue derribado en cuestión de unos pocos días, lo cual es un hecho claramente establecido y ampliamente reconocido.

Y entre Sus signos está la sublimidad de Su grandeza, Su eminente posición, Su imponente gloria y el esplendor de Su belleza por encima del horizonte de la Prisión, que hacían inclinarse ante Él las cabezas y bajar las voces, y humildes eran los rostros que se volvían en dirección a Él. Ésta es una prueba jamás presenciada en épocas pasadas.

Además, entre Sus signos están las cosas extraordinarias que Él continuamente hizo, los milagros que realizó, las maravillas que emanaron de Él sin interrupción, como lluvia proveniente de Sus nubes, y el reconocimiento de Su potente luz aun por parte de los no creyentes. ¡Por Su propia vida! Esto fue claramente verificado y demostrado a personas de todas las creencias que llegaban a la presencia del Señor viviente, Quien subsiste por Sí mismo.

Y otro de Sus signos son los rayos ampliamente difundidos del sol de Su era, la naciente luna de Sus tiempos en el cielo de todas las edades, Su día, que está en la cima de todos los días, por su rango y poder, sus ciencias y sus artes, que llegan a todas partes, las cuales han deslumbrado al mundo y asombrado las mentes de los hombres.

Ciertamente, ésta es una cuestión resuelta y establecida para siempre.