Habéis escrito acerca de las reuniones de los amigos, y de cuán plenos de paz y de alegría se hallan. Por supuesto, ello es así: pues dondequiera que se reúnen los que tienen inclinaciones espirituales, allí, en Su belleza, reina Bahá’u’lláh. Así, ciertamente, dichas reuniones producirán infinita felicidad y paz.
Hoy en día incumbe a todos abstenerse de la mención de todo lo demás y hacer caso omiso de todas las cosas. Que su decir y su estado interior se resuman así: “Mantén todas mis palabras de oración y de alabanza limitadas a un único estribillo: haz que mi vida entera sea tan sólo servidumbre a Ti”. Es decir, que concentren todos sus pensamientos, todas sus palabras en enseñar la Causa de Dios y en difundir la Fe de Dios y en inspirar a todos para que adopten las características de Dios; en amar a la humanidad; en ser puros y santos en todas las cosas e inmaculados en su vida pública y privada; en ser rectos y desprendidos, fervientes y encendidos. Todo debe ser rechazado, con la sola excepción del recuerdo de Dios. Todo es reprobable, salvo Su alabanza. Hoy en día, el mundo saltará y danzará con esta melodía del Concurso de lo alto: “¡Gloria sea a mi Señor, el Todoglorioso!” Mas sabed esto: aparte de este cantar de Dios, ningún cantar conmoverá al mundo, y aparte de este clamor del ruiseñor de la verdad, proveniente del Jardín de Dios, ninguna melodía seducirá el corazón. “¿De dónde proviene este Cantor que menciona el nombre del Amado?”
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