Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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La alabanza sea para Aquel por Cuyos esplendores están encendidos los cielos y la tierra, por Cuyos fragantes hálitos vibran de alegría los jardines de santidad que engalanan los corazones de los escogidos, para Aquel que ha derramado Su luz y ha alumbrado la faz del firmamento. Ciertamente han aparecido estrellas luminosas y centelleantes, rutilantes y resplandecientes, que proyectan sus rayos sobre el supremo horizonte. Obtuvieron su gracia y fulgor de la munificencia del Reino de Abhá y luego, como estrellas de guía, derramaron su luz sobre esta tierra.

La alabanza sea para Aquel que ha modelado esta nueva era, esta época de majestad, como el despliegue de un espectáculo en que se exponen a la vista las realidades de todas las cosas. Ahora se descargan las nubes de la munificencia, y las dádivas del amoroso Señor están claramente manifiestas; pues ha sido iluminado tanto el mundo visible como el invisible, el Prometido ha venido a la tierra y ha resplandecido la belleza del Adorado.

Salutaciones, bendiciones y bienvenida a aquella Realidad Universal, aquella Palabra Perfecta, aquel Libro Manifiesto, aquel Esplendor que ha amanecido en el más alto cielo, aquella Guía de todas las naciones, aquella Luz del mundo, el ondulante océano de Cuya abundante gracia ha inundado a toda la creación, de modo tal que sus olas han lanzado sus brillantes perlas sobre las arenas de este mundo visible. Ahora ha aparecido la Verdad y ha huido la falsedad; ahora ha amanecido el día y ha cundido el júbilo, por lo cual son santificadas las almas de los hombres, son depurados sus espíritus, son regocijados sus corazones, son purificadas sus mentes, se vuelven buenos sus pensamientos secretos, se limpia su conciencia, se vuelve santo su íntimo ser; pues ha llegado el Día de la Resurrección y las dádivas de tu Señor, el Perdonador, han envuelto a todas las cosas. Salutaciones y alabanzas sean para aquellas estrellas luminosas y resplandecientes que emiten sus rayos desde el más alto cielo, aquellos cuerpos celestiales del cinturón zodiacal del Dominio de Abhá. Que la gloria descanse sobre ellos.

Y ahora, hombre honorable que has escuchado el Gran Anuncio, disponte a servir a la Causa de Dios con el irresistible poder del Reino de Abhá y los hálitos que provienen del espíritu de la Compañía de lo alto. No te acongojes por lo que dicen sobre Bahá los fariseos y los proveedores de falsos rumores a los escritores de la prensa. Trae a la memoria los días de Cristo, las aflicciones que Le deparó la gente y todos los tormentos y tribulaciones que sufrieron Sus discípulos. Puesto que sois los amantes de la Belleza de Abhá, también debéis, por amor a Él, sufrir la reprobación de las gentes, y cuanto les aconteció a los de aquella época debe asimismo aconteceros a vosotros. Entonces los rostros de los escogidos se iluminarán con los esplendores del Reino de Dios y brillarán por todas las edades, es más, por todos los ciclos del tiempo, en tanto que los negadores permanecerán en su manifiesta pérdida. Será tal como fue dicho por el Señor Jesucristo: os perseguirán a causa de Mi nombre.

Recuérdales estas palabras y diles: “En verdad, los fariseos se alzaron contra el Mesías, a pesar de la radiante belleza de Su faz y toda Su hermosura, y exclamaron que Él no era el Mesías (Masíḥ), sino un monstruo (Masíkh), pues había afirmado ser el Dios Todopoderoso, el soberano Señor de todo, y les había dicho: “Yo soy el Hijo de Dios y, ciertamente, en el íntimo ser de Su único Hijo, Su magno Pupilo, está claramente revelado el Padre con todos Sus atributos, con todas Sus perfecciones”. Ellos dijeron que eso era flagrante blasfemia y difamación contra el Señor, de acuerdo con los claros e irrefutable textos del Antiguo Testamento. Por ello Le condenaron, decretando que fuera derramada Su sangre, y Le suspendieron en la cruz, donde exclamó: “¡Oh Mi amado Señor!, ¿hasta cuándo Me dejarás abandonado entre ellos? Elévame hacia Ti, cobíjame a Tu lado, hazme habitar junto a Tu trono de gloria. ¡En verdad, Tú eres Quien responde a las oraciones y Tú eres el Clemente, el Misericordioso! ¡Oh Mi Señor! Ciertamente, este mundo, con toda su vastedad, ya no puede contenerme, y amo esta cruz por amor a Tu belleza, anhelando Tu dominio de lo alto y a causa de este fuego que, avivado por las ráfagas de Tu santidad, arde en Mi corazón. ¡Ayúdame, oh Señor, a ascender a Ti; sostenme para que alcance Tu sagrado Umbral, oh Mi amoroso Señor! ¡Ciertamente, Tú eres el Misericordioso, el Poseedor de gran munificencia! ¡Ciertamente, Tú eres el Generoso! ¡Ciertamente, Tú eres el Compasivo! ¡Ciertamente, Tú eres el Omnisciente! ¡No hay otro Dios sino Tú, el Fuerte, el Poderoso!”

Nunca se habrían atrevido los fariseos a calumniarle y acusarle de tan grave pecado, si no hubiera sido por su desconocimiento de la esencia fundamental de los misterios, y por el hecho de que no prestaron atención a Sus esplendores y de que no tuvieron en cuenta Sus pruebas. De lo contrario, habrían reconocido Sus palabras y habrían dado testimonio de los versículos que Él había revelado, habrían confesado la veracidad de Sus expresiones, habrían buscado refugio a la sombra protectora de Su estandarte, habrían tomado conciencia de Sus signos y señales, y habríanse regocijado con Sus gozosas nuevas.

Has de saber que la Esencia Divina, la cual es llamada el Invisible de los Invisibles, indescriptible e impensable, está santificada por encima de toda mención, de toda definición, insinuación o alusión, y de toda aclamación o alabanza. En el sentido de que Él es lo que es, el intelecto jamás podrá comprenderle y el alma que busca el conocimiento de Él no es sino un vagabundo en el desierto, completamente extraviado. “Ninguna visión Le abarca, mas Él abarca toda visión; Él es el Sutil, Quien todo lo percibe”.

Sin embargo, cuando contemples la íntima esencia de todas las cosas y la individualidad de cada una de ellas, verás los signos de la misericordia de tu Señor en todas las cosas creadas y percibirás los resplandores de los rayos de Sus nombres y atributos que se difunden por todo el dominio del ser, con pruebas que nadie ha de negar, salvo los díscolos y los inconscientes. Entonces observarás que el universo es un pergamino que descubre Sus secretos ocultos, los cuales están preservados en la bien guardada Tabla. Y no hay un solo átomo de entre todos los átomos de la existencia, ni criatura alguna de entre las criaturas, que no exprese Su alabanza y hable de Sus atributos y nombres, que no revele la gloria de Su poder y que no guíe hacia Su unicidad y Su misericordia; y esto no lo contradice nadie que tenga oídos para oír, ojos para ver y una mente sana.

Y cuando quiera que mires la creación en su totalidad y observes hasta los mismos átomos de ésta, notarás que los rayos del Sol de la Verdad se derraman sobre todas las cosas y brillan dentro de ellas, y hablan de los esplendores de ese Sol, de Sus misterios y de la difusión de Sus luces. Mira los árboles, las flores y los frutos, y hasta las piedras. También en éstos, derramados sobre ellos, verás los rayos del Sol, claramente visibles dentro de ellos y puestos de manifiesto por ellos.

Con todo, si volvieras la mirada a un Espejo brillante, inmaculado y puro, en el cual se reflejase la divina Belleza, encontrarías allí el Sol brillando con Sus rayos, Su calor, Su disco y toda Su hermosa forma. Pues cada entidad independiente posee la porción de luz solar que le ha sido asignada y que habla del Sol; mas aquella Realidad Universal en todo Su esplendor, aquel Espejo inmaculado cuyas cualidades corresponden a las cualidades del Sol reveladas dentro de Él, expresa en su totalidad los atributos de la Fuente de Gloria. Y aquella Realidad Universal es el Hombre, el Ser divino, la Esencia que perdura por siempre. “Di: Invocad a Dios, o invocad al Todomisericordioso; como quiera que Le invoquéis, muy hermosos son Sus Nombres”.

Éste es el significado de las palabras del Mesías, en el sentido de que el Padre está en el Hijo. ¿No ves acaso que si un espejo inmaculado proclamase: “En verdad, el sol brilla dentro de mí, conjuntamente con todas sus cualidades, sus señales y sus signos”, semejante declaración por tal espejo no sería ni engañosa ni falsa? ¡No, por Aquel que Lo creó, Lo formó, Lo modeló e hizo de Él una entidad acorde con los atributos de la gloria que hay dentro de Él! ¡Alabado sea Aquel que Lo creó! ¡Alabado sea Aquel que Lo modeló! ¡Alabado sea Aquel que Lo puso de manifiesto!

Tales fueron las palabras expresadas por Cristo. A causa de estas palabras Le pusieron reparos y Le atacaron cuando Él les dijo: “Ciertamente, el Hijo está en el Padre y el Padre está en el Hijo”. Entérate de ello y aprende los secretos de tu Señor. En cuanto a los negadores, están separados de Dios por un velo: ellos no ven, ni oyen, ni comprenden. “Deja que se entretengan con sus reparos”. Abandónalos a sus divagaciones por lechos de ríos por los que no fluye corriente alguna. Como las bestias que pacen, no saben distinguir la perla de la imitación. ¿Acaso no están excluidos de los misterios de tu Señor, el Clemente, el Misericordioso?

Por tu parte, regocíjate con ésta, la mejor de todas las buenas nuevas, y disponte a exaltar la Palabra de Dios y a esparcir Sus deleitables fragancias por todo ese vasto e importante país. Ten la certeza de que tu Señor vendrá en tu ayuda con una compañía del Concurso de lo alto y huestes del Reino de Abhá. Éstas prepararán el ataque y furiosamente asaltarán las fuerzas de los ignorantes, los ciegos. Dentro de poco verás los destellos del alba apareciendo desde el Más Exaltado Dominio y el amanecer abarcando todas las regiones. Pondrá en fuga la oscuridad, y la lobreguez de la noche se desvanecerá y pasará, y resplandecerá el luminoso semblante de la Fe, y saldrá el Sol y se extenderá por el mundo. En ese día se regocijarán los fieles y los firmes estarán dichosos; entonces se marcharán los difamadores y serán aniquilados los vacilantes, tal como desaparecen las sombras más profundas con las primeras luces al despuntar el alba.

Salutaciones y alabanza sean para ti.

¡Oh Dios, mi Dios! Este es Tu siervo radiante, Tu cautivo espiritual, que se ha acercado a Ti y se ha aproximado a Tu presencia. Ha vuelto su rostro hacia el Tuyo, reconociendo Tu unicidad y confesando Tu singularidad, y ha hecho llamamientos en Tu nombre entre las naciones y ha conducido a las gentes hacia las aguas corrientes de Tu misericordia. ¡Oh Generosísimo Señor! A quienes lo han pedido, les ha dado de beber del cáliz de la guía que rebosa con el vino de Tu gracia inmensurable

¡Oh Señor, ayúdale en todas las condiciones, dale a conocer Tus bien guardados misterios y derrama sobre él Tus perlas ocultas! Haz de él una enseña que ondee en el pináculo de los castillos, con las brisas de Tu ayuda celestial; haz de él un manantial de aguas cristalinas.

¡Oh mi Señor perdonador! Enciende los corazones con la luz de una lámpara que vierta sus rayos por doquier, revelando las realidades de todas las cosas a aquellos de entre Tu pueblo a quienes has favorecido generosamente.

¡En verdad, Tú eres el Poderoso, el Potente, el Protector, el Fuerte, el Benéfico! ¡En verdad, Tú eres el Señor de todas las mercedes!