Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh vosotros dos, buscadores de la verdad! Se ha recibido vuestra carta y su contenido ha sido leído con atención. En cuanto a las cartas que habíais enviado anteriormente, no todas fueron recibidas, mientras que algunas llegaron aquí cuando la crueldad de los opresores se había vuelto tan intensa que no era posible enviar una respuesta. Ahora esta carta está aquí y podemos contestarla y, por tanto, me he puesto a escribir a pesar de muchos asuntos apremiantes, para que sepáis que sois queridos entre nosotros y también sois aceptados en el Reino de Dios.
Sin embargo, vuestras preguntas sólo pueden ser contestadas resumidamente, ya que no hay tiempo para una respuesta detallada. La respuesta a la primera pregunta es: las almas de los hijos del Reino, después de su separación del cuerpo, ascienden al dominio de la vida sempiterna. Pero si preguntáis por el lugar, sabed que el mundo de la existencia es un solo mundo, aunque son varias y diferentes sus estaciones. Por ejemplo, la vida mineral ocupa su propio plano, pero un ente mineral no tiene ninguna conciencia acerca del reino vegetal y, de hecho, con su lengua interior niega que exista tal Reino. Del mismo modo, un ente vegetal nada sabe del mundo animal y permanece completamente descuidado e ignorante del mismo, pues el grado del animal es superior al del vegetal, y el vegetal está separado del mundo animal como por un velo e interiormente niega la existencia de ese mundo: todo ello en circunstancias de que el mineral, el vegetal y el animal habitan juntos en un mismo mundo. Del mismo modo, el animal permanece totalmente inconsciente del poder de la mente humana, que comprende las ideas universales y pone al descubierto los secretos de la creación: de modo que un hombre que vive en el Oriente puede hacer planes y preparativos para el Occidente; puede desentrañar misterios; aunque resida en el continente europeo, puede descubrir América; aunque esté situado en la tierra, puede hacer suyas las realidades interiores de las estrellas del cielo. De este poder de descubrimiento que pertenece a la mente humana, de este poder que puede captar las ideas universales y abstractas, el animal permanece totalmente ignorante y, de hecho, niega su existencia.
Del mismo modo, los moradores de esta tierra son completamente inconscientes del mundo del Reino y niegan su existencia. Preguntan, por ejemplo: “¿Dónde está el Reino? ¿Dónde está el Señor del Reino?” Esta gente es como el mineral y el vegetal, que nada saben de los dominios animal y humano; ellos no lo ven; ellos no lo encuentran. Y, sin embargo, el mineral y el vegetal, el animal y el hombre, viven todos juntos aquí en este mundo de la existencia.
En cuanto a la segunda pregunta: las pruebas y aflicciones de Dios tienen lugar en este mundo, no en el mundo del Reino.
La respuesta a la tercera pregunta es que en el otro mundo la realidad humana no adopta una forma física, sino que más bien asume una forma celestial, constituida por elementos de ese dominio celestial.
Ésta es la respuesta a la cuarta pregunta: el centro del Sol de la Verdad está en el mundo celestial, el Reino de Dios. Aquellas almas que son puras e inmaculadas, al disolverse su armazón elemental, parten hacia el mundo de Dios, y ese mundo está dentro de este mundo. Sin embargo, las gentes de este mundo son inconscientes de aquel mundo, y son como el mineral y el vegetal que nada conocen acerca del mundo animal y del mundo del hombre.
La respuesta a la quinta pregunta es ésta: Bahá’u’lláh ha erigido el tabernáculo de la unicidad de la humanidad. Quienquiera que busque abrigo bajo este techo ciertamente saldrá de otras moradas.
En cuanto a la sexta pregunta: si sobre un aspecto u otro surge algún desacuerdo entre dos grupos en conflicto, que se remitan al Centro de la Alianza para obtener una solución al problema.
En cuanto a la séptima pregunta: Bahá’u’lláh se ha puesto de manifiesto a toda la humanidad y ha invitado a todos a la mesa de Dios, el banquete de divina munificencia. Sin embargo, en la actualidad la mayor parte de los que están sentados a esa mesa son los pobres, y es por ello que Cristo ha dicho que bienaventurados son los pobres; pues las riquezas impiden a los ricos entrar en el Reino; y además dice: “Más fácil es para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios”. No obstante, si la riqueza de este mundo y la gloria y la fama mundanas no obstruyen su entrada allí, ese rico será favorecido ante el Sagrado Umbral y aceptado por el Señor del Reino.
En breve, Bahá’u’lláh ha sido puesto de manifiesto para educar a todos los pueblos del mundo. Él es el Educador Universal, ya sea de los ricos o de los pobres, de los negros o de los blancos, de los pueblos de Oriente o de Occidente, del Norte o del Sur.
Entre aquellos que visitan ‘Akká algunos han avanzado notablemente. Siendo cirios sin luz, se encendieron; estando marchitos, comenzaron a florecer; estando muertos, fueron vueltos a la vida y regresaron a casa con nuevas de gran gozo. Pero otros, en verdad, pasaron simplemente; dieron sólo un paseo.
Oh vosotros dos, que estáis fuertemente atraídos hacia el Reino; agradeced a Dios que hayáis hecho de vuestro hogar un centro bahá’í y un lugar de reunión para los amigos.
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