Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh tú, que eres constante en la Alianza! Se ha recibido tu carta fechada el 9 de septiembre de 1909. No te sientas afligido ni desanimado por lo que ha ocurrido. Esa dificultad te sorprendió cuando transitabas por el camino de Dios, por lo cual debería producirte alegría. Con anterioridad nos hemos dirigido por escrito a los amigos y además hemos hecho una declaración verbal en el sentido de que a los amigos de Occidente sin duda les tocará su parte de las calamidades que les sobrevienen a los amigos de Oriente. Es inevitable que, al hollar la senda de Bahá’u’lláh, ellos también se conviertan en el blanco de la persecución de los opresores.

Considera cómo, en el comienzo de la era cristiana, fueron afligidos los apóstoles y qué tormentos soportaron en el camino de Cristo. Todos los días de su vida fueron el blanco de los dardos del sarcasmo, de la difamación y del denuesto de los fariseos. Soportaron gran sufrimiento; estuvieron en prisión, y la mayoría de ellos bebieron el dulce cáliz del martirio.

Ahora vosotros también ciertamente debéis llegar a ser mis socios en alguna medida pequeña y aceptar vuestra cuota de pruebas y aflicciones. Pero estos episodios pasarán, mientras que esa gloria perdurable y vida eterna se mantendrán por siempre inalterables. Además, estas aflicciones serán causa de gran progreso.

Ruego a Dios que tú, Su labrador, ares la tierra dura y pedregosa, la riegues y esparzas en ella semillas, pues eso demostrará cuán diestro es el labriego, ya que cualquier hombre puede sembrar y cultivar donde el terreno es blando y está libre de zarzas y espinas.