Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh siervos de la Bendita Belleza! [...] Es evidente que, en este día, las confirmaciones provenientes del mundo invisible envuelven a todos aquellos que transmiten el Mensaje Divino. Si decayese la tarea de enseñanza, estas confirmaciones serían interrumpidas completamente, ya que es imposible que los amados de Dios reciban ayuda si no enseñan.

En todas las condiciones, la enseñanza debe llevarse adelante, pero con prudencia. Si la labor no puede continuar de forma pública, entonces que enseñen en privado, y así engendren espiritualidad y camaradería entre los hijos de los hombres. Si, por ejemplo, cada uno de los creyentes se convierte en un verdadero amigo de alguno de los desatentos, se conduce con absoluta rectitud, se asocia con esa alma, la trata con la máxima amabilidad, si ejemplifica él mismo las divinas instrucciones que ha recibido, las buenas cualidades y las normas de conducta y en todo momento actúa de acuerdo con los consejos de Dios, con certeza logrará despertar poco a poco a esa persona que era antes negligente y transformar su ignorancia en conocimiento de la verdad.

Las almas son propensas al distanciamiento. En primer lugar deben tomarse las medidas para hacer desaparecer ese distanciamiento, pues sólo entonces surtirá efecto la Palabra. Si un creyente manifiesta amabilidad hacia alguno de los negligentes y, con gran amor, le conduce gradualmente a una comprensión de la validez de la Santa Causa, de modo que llegue a conocer los fundamentos de la Fe de Dios y sus implicaciones, sin duda dicha persona será transformada, a excepción de esas personas que rara vez se encuentran, que son como cenizas y cuyos corazones son “duros como la piedra o aún más duros”.

Si cada uno de los amigos se esforzara de este modo por guiar rectamente a una sola alma, el número de creyentes se duplicaría cada año; y ello puede lograrse con prudencia y sabiduría, sin causar ningún daño.

A mayor abundamiento, los maestros deben hacer viajes, y si la difusión pública del Mensaje produce perturbación, que entonces, en su lugar, estimulen y den formación a los creyentes, los inspiren, los deleiten, les regocijen el corazón, los vivifiquen y refresquen con las perfumadas fragancias de santidad.