Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh poseedor de un corazón que ve! Aunque, materialmente hablando, estás privado de la vista física, gracias a Dios es tuya la perspicacia espiritual. Tu corazón ve y tu espíritu oye. La vista corporal está sujeta a un millar de enfermedades y, con seguridad, finalmente se perderá. Por eso no se le debe atribuir importancia. Pero la vista del corazón es iluminada. Distingue y descubre el Reino divino. Es perpetua y eterna. Da gracias a Dios, entonces, porque la vista de tu corazón es iluminada y el oído de tu mente es sensible.

Cada una de las reuniones que habéis organizado, en donde sentís emociones celestiales y comprendéis realidades y significados, es como el firmamento, y esas almas son como estrellas resplandecientes que brillan con la luz de la guía.

Feliz es el alma que busca, en esta era radiante, las enseñanzas celestiales, y bienaventurado es el corazón que es conmovido y atraído por el amor de Dios.