Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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El Señor de toda la humanidad ha diseñado el dominio humano para que sea un Jardín del Edén, un paraíso terrenal. Si, como es debido, encuentra el camino que conduce a la armonía y la paz, al amor y la confianza mutua, llegará a ser una verdadera morada de dicha, un lugar de múltiples bendiciones e interminables delicias. Allí se revelará la excelencia del género humano, allí resplandecerán por doquier los rayos del Sol de la Verdad.
Recordad cómo en otra época Adán y los demás habitaban juntos en el Edén. Sin embargo, tan pronto como se desató una riña entre Adán y Satanás, fueron todos desterrados del Jardín, y ello significaba una advertencia para la raza humana, un medio de decirle a la humanidad que la disensión –aun con el Diablo– conduce a una dolorosa pérdida. Es por ello que, en nuestra edad iluminada, Dios enseña que los conflictos y las disputas no están permitidos, ni siquiera con el propio Satanás.
¡Por Dios! ¡Aun con semejante lección frente a él, qué poco caso hace el hombre! Todavía vemos su mundo en guerra de polo a polo. Hay guerra entre las religiones; guerra entre las naciones; guerra entre los pueblos; guerra entre los gobernantes. ¡Qué cambio tan bienvenido sería que estas nubes negras se disiparan de los cielos del mundo, para que la luz de la realidad pudiese derramarse por doquier! Si se asentara para siempre el oscuro polvo de esta continua lucha y esta matanza, y los fragantes vientos de la bondad de Dios soplaran desde el manantial de paz, entonces este mundo se transformaría en otro mundo, y la tierra brillaría con la luz de su Señor.
Si hay alguna esperanza, es únicamente en las mercedes de Dios: que llegará Su gracia fortalecedora y cesarán la lucha y la contienda, y la ácida mordedura del acero ensangrentado se convertirá en el melifluo rocío de la amistad, la probidad y la confianza. Qué dulce al paladar será ese día, y fragante como almizcle, su perfume.
Plegue a Dios que el nuevo año traiga una promesa de nueva paz. Quiera Él permitirle a esa distinguida asamblea concluir un tratado equitativo y establecer una alianza justa, a fin de que seáis bendecidos para siempre, en toda la extensión de los tiempos por venir.
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