¡Oh siervas del Señor! En este siglo –el siglo del Señor Todopoderoso– el Sol de los Dominios de lo alto, la Luz de la Verdad brilla con esplendor meridiano y sus rayos iluminan todas las regiones. Pues ésta es la época de la Antigua Belleza, el día de la revelación de la fuerza y el poder del Más Grande Nombre ¡que mi vida sea una ofrenda en sacrifico por Sus amados!
En las edades por venir, aunque la Causa de Dios se eleve y crezca un centenar de veces y la sombra del Sadratu’l-Muntahá cobije a toda la humanidad, con todo, este siglo actual permanecerá sin rival, pues ha presenciado el despuntar de aquella Mañana y la salida de aquel Sol. Este siglo es, ciertamente, la fuente de Su Luz y la aurora de Su Revelación. Las edades y las generaciones futuras verán la difusión de su esplendor y las manifestaciones de sus signos.
Por tanto, esforzaos para que quizá obtengáis vuestra parte completa de Sus dádivas.
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