Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh anhelante llama, tú que estás encendida con el amor de Dios! He leído tu carta, y su contenido, expresivo y elocuente, ha deleitado mi corazón y me ha demostrado tu profunda sinceridad en la Causa de Dios, tus pasos perseverantes por el camino de Su Reino y tu firmeza en Su Fe; pues, de todas las grandes cosas, ésta es para Él la más grande.

Cuántas almas se han vuelto hacia el Señor y han entrado bajo la sombra protectora de Su Palabra, llegando a ser famosas en todo el mundo; Judas Iscariote, por ejemplo. Y luego, cuando las pruebas se volvieron severas y se intensificó su violencia, sus pies resbalaron en el camino y dieron la espalda a la Fe, después de haber reconocido su verdad, y renegaron de ella, y apostataron de la armonía y el amor y cayeron en la maldad y el odio. De este modo se volvió visible el poder de las pruebas, el cual hace que tiemblen y se sacudan los fuertes pilares.

Judas Iscariote era el más grande de los discípulos y convocaba al pueblo ante Jesús. Entonces a él le pareció que Jesús manifestaba una creciente consideración hacia el apóstol Pedro, y cuando Jesús dijo: “Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré Mi Iglesia”, estas palabras dirigidas a Pedro y esta elección de Pedro para un honor tan especial tuvieron un notable efecto sobre el Apóstol y despertaron la envidia en el corazón de Judas. Por esta razón, aquel que otrora se había aproximado se apartó y aquel que había creído en la Fe renegó de ella, y su amor se transformó en odio, hasta que llegó a ser el causante de la crucifixión de ese glorioso Señor, ese Esplendor manifiesto. Tal es el resultado de la envidia, la principal razón por la que los hombres se apartan del Recto Camino. Así ha ocurrido anteriormente y así ocurrirá en esta gran Causa. Mas no importa, pues engendra lealtad en los restantes y hace que se levanten almas que no vacilan, fijas e inamovibles como las montañas en su amor por la Luz Manifiesta.

Transmite a las siervas del Misericordioso el mensaje de que, cuando una prueba se torna violenta, deben permanecer impasibles y fieles en su amor a Bahá. En invierno vienen las tormentas y soplan los fuertes vientos, mas luego le sigue la primavera con toda su belleza, engalanando los montes y los llanos con sus perfumadas plantas y sus rojas anémonas tan gratas a la vista. Entonces sobre las ramas trinan los pájaros con cantos de gozo y con alegres ritmos sermonean desde los púlpitos de los árboles. Dentro de poco presenciaréis cómo se propagan las luces, flamean los estandartes del dominio de lo alto, se difunden por doquier las deleitables fragancias del Todomisericordioso, las huestes del Reino descienden en formación, los ángeles del cielo avanzan rápidamente y el Espíritu Santo sopla suavemente sobre todas esas regiones. En ese día verás a los vacilantes, hombres y mujeres por igual, con sus esperanzas frustradas y en manifiesta pérdida. Esto está decretado por el Señor, el Revelador de Versículos.

En cuanto a ti, bendita seas, puesto que eres constante en la Causa de Dios, firme en Su Alianza. Ruego a Él que te confiera un alma espiritual y la vida del Reino, y que te convierta en una hoja fresca y floreciente del Árbol de la Vida, para que puedas asistir a las siervas del Misericordioso con espiritualidad y buena disposición de ánimo.

Tu generoso Señor te ayudará a trabajar en Su viña y hará que seas el medio de esparcir el espíritu de unidad entre Sus siervas. Hará que tu ojo interior vea con la luz del conocimiento, perdonará tus pecados y los transformará en buenas acciones. Ciertamente, Él es el Perdonador, el Compasivo, el Señor de inmensurable gracia.