¡Oh tú que estás arrobada por los fragantes hálitos del Señor! He conocido el contenido de tu elocuente carta, y me he enterado de que derramas lágrimas y tu corazón arde de dolor por el encarcelamiento de ‘Abdu’l-Bahá.
¡Oh sierva de Dios! Esta prisión me es más dulce y más deseable que un jardín de flores; esta servidumbre es mejor para mí que ser libre de seguir mi camino, y este estrecho lugar lo hallo más espacioso que planicies anchas y abiertas. No te acongojes por mí. Y si mi Señor decretara que fuese bendecido con la dulce copa del martirio, ello sólo significaría recibir lo que más anhelo.
No temas si esta Rama es arrancada de este mundo material y son arrojadas sus hojas; al contrario, sus hojas prosperarán, pues esta Rama crecerá después de ser separada de este mundo inferior, alcanzará los más sublimes pináculos de la gloria y dará frutos tales que perfumarán el mundo con su fragancia.
Buscar en este libro
Escribe una palabra para buscar en este libro.