¡Oh mis dos amados hijos! Tan pronto como me llegó la noticia de vuestra unión, me infundió infinita alegría y gratitud. Loado sea Dios porque esas dos fieles aves se han cobijado en un solo nido. Ruego a Dios que les permita formar una familia honorable, ya que la importancia del matrimonio radica en la crianza de una familia rica en bendiciones, para que, con completa felicidad, como si fueran cirios, iluminen el mundo. Pues el esclarecimiento del mundo depende de la existencia del hombre. Si no existiera el hombre en este mundo, éste sería como un árbol sin fruto. Es mi esperanza que vosotros dos lleguéis a ser como un solo árbol y, por medio de las efusiones de la nube del bondadoso afecto, adquiráis frescura y encanto, y florezcáis y rindáis frutos a fin de que vuestro linaje perdure eternamente.
Sea con vosotros la Gloria del Más Glorioso.
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