Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh amigos espirituales de ‘Abdu’l-Bahá! Ha llegado un mensajero de confianza y ha entregado en el mundo del espíritu un mensaje de los amados de Dios. Este mensajero de buen augurio trae fragancias de gran intensidad y hace llegar las brisas vivificadoras del amor de Dios. Hace danzar de alegría el corazón y colma el alma con un éxtasis de amor y embeleso. La gloria de la Unidad Divina ha penetrado tan intensamente las almas y los corazones, que todos están ahora atados los unos a los otros con lazos celestiales, y todos son como un solo corazón, como una sola alma. Por esta razón, los destellos del espíritu y las impresiones de lo Divino se reflejan ahora clara y nítidamente en lo más profundo del corazón. Ruego a Dios que fortalezca estos lazos espirituales día tras día y haga que esta unicidad mística resplandezca siempre con más brillo hasta que, al fin, todos sean como tropas en formación bajo el estandarte de la Alianza, a la sombra protectora de la Palabra de Dios; que se esfuercen al máximo hasta que la confraternidad universal, cercana y afectuosa, y el amor sin impurezas, y las relaciones espirituales entrelacen todos los corazones del mundo. Entonces la humanidad toda, debido a esta nueva y deslumbrante munificencia, será reunida en un único suelo patrio. Entonces se desvanecerá el conflicto y la disensión de la faz de la tierra; entonces la humanidad será acunada en el amor a la belleza del Todoglorioso. La discordia se transmutará en acuerdo; la disensión, en armonía. Serán arrancadas las raíces de la malevolencia y será destruida la base de la agresión. Los brillantes rayos de la unión borrarán la oscuridad de las limitaciones y los esplendores del cielo harán que el corazón humano llegue a ser como una mina ricamente veteada con el amor de Dios.

¡Oh amados del Señor! Ésta es la hora en la que debéis asociaros con todos los pueblos de la tierra con suma amabilidad y amor, y ser para ellos los signos y señales de la gran misericordia de Dios. Debéis llegar a ser el alma misma del mundo, el espíritu viviente en el cuerpo de los hijos de los hombres. En esta Edad maravillosa, en este tiempo en que se ha elevado sobre el horizonte del mundo la Antigua Belleza, el Más Grande Nombre, portando innumerables dones, la Palabra de Dios ha infundido tan temible poder en la íntima esencia de la humanidad, que Él ha despojado a las humanas cualidades de los hombres de todo efecto y, con Su fuerza avasalladora, ha unificado a los pueblos en un vasto mar de unicidad.

Ahora es el tiempo para que los amantes de Dios enarbolen los estandartes de la unidad, entonen en las asambleas del mundo los versículos de amistad y amor, y demuestren a todos que la gracia de Dios es una sola. Así serán erigidos los tabernáculos de la santidad sobre las cumbres de la tierra, reuniendo a todos los pueblos a la sombra protectora de la Palabra de la Unicidad. Esta gran munificencia aparecerá sobre el mundo en el momento en que los amantes de Dios se dispongan a cumplir con Sus Enseñanzas y difundir por doquier las frescas y perfumadas fragancias del amor universal.

En toda dispensación ha existido el mandamiento de la confraternidad y el amor, pero era un mandamiento limitado a la comunidad de aquellos que estaban en mutuo acuerdo y no era extensivo al enemigo disidente. Sin embargo, en esta edad maravillosa, gracias a Dios, los mandamientos de Dios no están limitados ni restringidos a ningún grupo de gentes, sino que, por el contrario, a todos los amigos se les ha ordenado expresar confraternidad y amor, consideración, generosidad y bondad a todas las comunidades de la tierra. Ahora bien, los amantes de Dios deben disponerse a llevar a la práctica estas instrucciones Suyas: que sean padres bondadosos para con los hijos de la raza humana y hermanos compasivos para con los jóvenes, y abnegados vástagos para con aquellos encorvados por los años. El significado de ello es que debéis mostrar ternura y afecto a todo ser humano, incluso a vuestros enemigos, y acoger a todos con inmaculada amistad, con buen ánimo y bondad. Cuando os encontréis con la crueldad y la persecución a manos de otro, tratadle con lealtad; cuando la malevolencia se dirija a vosotros, responded con corazón amistoso. A las lanzas y flechas que caigan sobre vosotros, exponed vuestro pecho como un blanco que brilla cual un espejo; y a cambio de las maldiciones, las burlas y las palabras hirientes, mostrad abundante amor. De este modo, todos los pueblos presenciarán el poder del Más Grande Nombre y todas las naciones reconocerán la fuerza de la Antigua Belleza, y verán cómo Él ha derribado los muros de la discordia y con cuánta seguridad ha guiado hacia la unidad a todos los pueblos de la tierra; cómo Él ha encendido el mundo del hombre, haciendo que esta tierra de polvo irradie haces de luz.

Estas criaturas humanas son como niños, son temerarias y despreocupadas. Estos niños deben ser criados con infinito y amoroso cuidado, y deben ser tiernamente cultivados en los brazos de la misericordia, para que prueben la meliflua dulzura espiritual del amor de Dios; para que lleguen a ser como lámparas que difundan sus rayos por todo este oscuro mundo y perciban claramente cuán deslumbrantes coronas de gloria ha colocado en la frente de Sus amados el Más Grande Nombre, la Antigua Belleza; qué mercedes ha conferido a los corazones de aquellos a quienes Él guarda afecto; qué amor ha proyectado en el pecho de los seres humanos y qué tesoros de amistad ha hecho aparecer entre todos los hombres.

¡Oh Dios, mi Dios! Ayuda a Tus siervos leales a tener corazones tiernos y amorosos. Asísteles para que difundan entre todas las naciones de la tierra la luz de guía que proviene del Concurso de lo alto. En verdad, Tú eres el Fuerte, el Potente, el Poderoso, Quien todo lo subyuga, el Eterno Donador. Verdaderamente, Tú eres el Generoso, el Amable, el Tierno, el Más Bondadoso.