Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh sincera y leal sierva del Señor! He leído tu carta. Verdaderamente, estás apegada al Reino y consagrada al Todoglorioso Horizonte. Ruego a Dios que en Su munificencia te haga arder siempre más brillante en el fuego de Su amor, a medida que transcurren los días.
Al parecer dudabas acerca de si debías escribir o enseñar la Fe. La enseñanza de la Fe es esencial y, en el presente, la enseñanza es preferible para ti. Cuando encuentres una oportunidad, desata tu lengua para guiar a la raza humana.
Has preguntado acerca de la adquisición del conocimiento: lee los Libros y Tablas de Dios, y los artículos escritos para demostrar la verdad de esta Fe. Entre ellos se encuentra el Íqán, el cual ha sido traducido al inglés, las obras de Mírzá Abu’l-Faḍl y de algunos más de entre los creyentes. En los días venideros será traducido un gran número de santas Tablas y otros escritos sagrados, y tú deberías leerlos también. Asimismo, pídele a Dios que el imán de Su amor atraiga hacia ti el conocimiento de Él. Cuando un alma llega a ser santa en todas las cosas, purificada, santificada, se abren de par en par ante sus ojos las puertas del conocimiento de Dios.
Has escrito acerca de la querida sierva de Dios, la Sra. Goodall. Esa alma extasiada por Dios en verdad sirve a la Fe en todo momento y hace todo cuanto puede por difundir por doquier los esplendores celestiales. Si ella continúa así, han de seguirse muy grandes resultados en un futuro. Lo más importante es permanecer constante y firmemente arraigada y perseverar hasta el fin. Es mi esperanza que por los ingentes esfuerzos de las siervas del Señor, esas estribaciones y la orilla de ese océano se volverán tan resplandecientes con el amor de Dios como para difundir sus rayos a los confines de la tierra.
Has preguntado si, con el advenimiento del Reino de Dios, toda alma fue salvada. El Sol de la Verdad ha brillado esplendorosamente para todo el mundo, y su luminosa aparición es la salvación del hombre y su vida eterna; mas sólo es de los salvos quien haya abierto bien el ojo de su discernimiento y haya visto aquella gloria.
Asimismo, has preguntado si en esta Dispensación Bahá’í primará finalmente lo espiritual. Es seguro que la espiritualidad derrotará al materialismo, que lo celestial subyugará a lo humano y que mediante la educación divina las masas de la humanidad en general darán grandes pasos en todos los grados de la vida; con excepción de aquellos que están ciegos y sordos y mudos y muertos. ¿Cómo la gente así ha de comprender la luz? Aunque los rayos del sol alumbran los rincones más oscuros del globo, con todo, el ciego no puede participar de la gloria, y aunque la lluvia de la misericordia celestial se derrama en torrentes sobre toda la tierra, ningún arbusto y ninguna flor han de crecer en un suelo yermo.
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