¡Oh sierva predilecta del Reino celestial! Se ha recibido tu carta. Transmite elevadas aspiraciones y nobles metas diciendo que te propones hacer un viaje al Lejano Oriente y estás dispuesta a soportar rigurosas privaciones a fin de guiar a las almas y difundir por doquier las buenas nuevas del Reino de Dios. Este propósito tuyo denota que tú, querida sierva de Dios, abrigas el más noble de todos los objetivos.
Al comunicar las buenas nuevas, exclama y di: Se ha manifestado ahora el Prometido de todos los pueblos del mundo. Pues la totalidad de los pueblos y todas las religiones esperan a un Prometido, y Bahá’u’lláh es el Esperado por todos; por consiguiente, la Causa de Bahá’u’lláh generará la unicidad de la humanidad, y el tabernáculo de la unidad será erigido en las cimas del mundo, y serán desplegados en las cumbres de la tierra los emblemas de la universalidad de todo el género humano. Cuando desates tu lengua para entregar esta gran buena nueva, ello llegará a ser el medio de enseñar a la gente.
Sin embargo, el viaje que proyectas es a un país muy lejano, y a menos que esté disponible un grupo de personas, las buenas nuevas no tendrán mucho efecto en aquel lugar. Si os parece preferible, viajad a Persia, y en el viaje de regreso pasad por Japón y por China. Esto parecería ser mucho mejor y bastante más agradable. En cualquier caso, haced lo que os parezca factible y ello será aprobado.
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