Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
17
¡Oh vosotros, los escogidos del Reino de Abhá! Alabad al Señor de las Huestes porque Él, cabalgando sobre las nubes, ha descendido a este mundo desde el cielo del dominio invisible, de modo tal que Oriente y Occidente se iluminaron con la gloria del Sol de la Verdad, y se elevó la llamada del Reino, y los pregoneros del dominio celestial, con melodías del Concurso de lo alto, anunciaron las buenas nuevas de la Venida. Entonces todo el mundo del ser se estremeció de felicidad y, sin embargo, las gentes, tal como dice el Mesías, continuaron durmiendo; pues en el día de la Manifestación, cuando descendió el Señor de las Huestes, los encontró sumidos en el sueño de la inconsciencia. Como Él dice en el Evangelio, Mi venida es como cuando el ladrón está en la casa y el amo de la casa no vigila.
De entre toda la humanidad, Él os ha elegido a vosotros, y vuestros ojos han sido abiertos a la luz de la guía, y vuestros oídos han sintonizado con la música de la Compañía de lo alto; y, bendecidos por abundante gracia, vuestros corazones y almas han nacido a una nueva vida. Agradeced y alabad a Dios porque la mano de los infinitos dones ha colocado sobre vuestra cabeza esta corona adornada de piedras preciosas, esta corona cuyas brillantes joyas fulgurarán y emitirán destellos por toda la extensión del tiempo.
Para agradecerle por ello, haced un ingente esfuerzo y fijaos un noble objetivo. Mediante el poder de la fe, obedeced las enseñanzas de Dios, y haced que todas vuestras acciones se ajusten a Sus leyes. Leed Las Palabras Ocultas, sopesad sus significados íntimos y actuad de acuerdo con ellos. Leed, con mucha atención, las Tablas de Ṭarázát (Ornamentos), Kalimát (Palabras del Paraíso), Tajallíyyát (Refulgencias), Ishráqát (Esplendores) y Bishárát (Buenas Nuevas) y disponeos a actuar como se os ordena en las enseñanzas celestiales. Así, que cada uno de vosotros sea como un cirio que vierte su luz, el centro de atracción dondequiera que la gente se reúna, y que, cual macizo de flores, esparza fragantes aromas.
Elevad un clamor cual mar que brama; como pródiga nube, haced llover la gracia del cielo. Alzad la voz y entonad los cánticos del Dominio de Abhá. Extinguid los fuegos de la guerra, enarbolad las banderas de la paz, trabajad por la unicidad de la humanidad y recordad que la religión es el canal del amor para todos los pueblos. Sed conscientes de que los hijos de los hombres son ovejas de Dios y Él es su Pastor amoroso, que Él tiernamente cuida de todas Sus ovejas, hace que se alimenten en los verdes prados de Su gracia y las abreva en la fuente de la vida. Así es el camino del Señor. Tales son sus dádivas. Tal es, de entre Sus enseñanzas, Su precepto de la unicidad de la humanidad.
Las puertas de Sus bendiciones están abiertas de par en par y Sus signos se dan a conocer ampliamente y resplandece la gloria de la verdad; inagotables son Sus bendiciones. Apreciad el valor de este tiempo. Esforzaos con todo el corazón, alzad la voz y clamad, hasta que este oscuro mundo se colme de luz y se ensanche este estrecho lugar de sombras, y este montón de polvo de un momento efímero se transforme en un espejo de los eternos jardines del cielo, y esta esfera terrenal reciba su parte de la gracia celestial.
Entonces la agresión se desmoronará y será destruido todo lo que conduce a la desunión, y será erigida la estructura de la unicidad, para que el Árbol Bendito dé sombra al Oriente y Occidente, y se establezca en las altas cumbres el Tabernáculo de la singularidad del hombre, y en sus astas flameen banderas que anuncien en todo el mundo el amor y la camaradería hasta que se agite el mar de la verdad y la tierra produzca rosas y perfumadas hierbas de bendiciones sin fin, y se convierta, de polo a polo, en el Paraíso de Abhá.
Éstos son los consejos de ‘Abdu’l-Bahá. Es mi esperanza que por las dádivas del Señor de las Huestes lleguéis a ser la esencia espiritual y el esplendor mismo de la humanidad, enlazando los corazones de todos con lazos de amor; que por el poder de la Palabra de Dios deis vida a los muertos que ahora están sepultados en las tumbas de sus deseos sensuales; que con los rayos del Sol de la Verdad restituyáis la vista a aquellos cuyo ojo interior está ciego; que llevéis curación espiritual a los espiritualmente enfermos. Éstas son las cosas que espero de las mercedes y las dádivas del Amado.
En todo momento hablo de vosotros y os recuerdo. Ruego al Señor y con lágrimas Le imploro que haga descender todas estas bendiciones sobre vosotros y alegre vuestros corazones, y haga dichosas vuestras almas, y os conceda gran gozo y delicias celestiales. [...]
¡Oh Proveedor amoroso! Estas almas han prestado oído al llamamiento del Reino y han contemplado la gloria del Sol de la Verdad. Se han elevado hacia los reconfortantes cielos del amor; están enamorados de Tu esencia y adoran Tu belleza. Se han vuelto hacia Ti, hablando entre sí de Ti, en pos de Tu morada, y sedientos de los arroyos de Tu dominio celestial.
Tú eres el Donador, el Otorgador, el Siempre Amoroso.
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